2. Revelaciones a Santa Margarita María de Alacoque y al beato Bernardo de Hoyos
3. Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús (AUDIO RECOMENDADO)
1. Origen de la devoción al Corazón de Jesús
Nos dirigimos ahora a las ruinas del antiguo monumento. Para hablar de éste, tenemos antes que hablar de la Espiritualidad del Corazón de Jesús. ¿Por qué es tan importante? En primer lugar, porque Jesús mismo es quien pidió a la Iglesia la práctica de esta devoción a través de Santa Margarita María de Alacoque. El Corazón de Jesús muestra de forma patente el Amor de Dios y, a la vez, en este Corazón vemos la humanidad de Jesús: su cuerpo, su afecto, sus virtudes, sus ilusiones y preocupaciones. Por todo esto muchos papas han recomendado el culto al Corazón de Cristo. San Juan Pablo II dijo: “Junto al Corazón de Cristo, el corazón humano aprende a conocer el auténtico y único sentido de la vida”. Y Benedicto XVI afirmaba: “En el Corazón de Jesús se expresa el núcleo esencial del Cristianismo”. Por ello, no se trata de una devoción particular o secundaria, sino de la síntesis más perfecta de la fe cristiana, como dijo el Papa Pío XII.
Esta espiritualidad tiene su origen en la Sagrada Escritura. San Juan evangelista fue el primer apóstol del Corazón de Jesús (del que habla al menos 5 veces en su evangelio). Él fue el único de los doce apóstoles que estuvo a los pies de la cruz en el Calvario y fue testigo del amor redentor de Dios cuando “uno de los soldados le traspasó el costado con la lanza y al punto salió agua y sangre”. El Corazón traspasado de Jesús es, por tanto, el símbolo del Amor más grande de Dios por nosotros y fundamento de esta espiritualidad.
2. Revelaciones a Santa Margarita María de Alacoque y al beato Bernardo de Hoyos
La devoción adquirió una gran difusión desde el siglo XVII, tras las apariciones a la santa francesa Margarita María de Alacoque en Paray-Le- Monial: Jesús se le mostró con el Corazón sobresaliendo de su pecho, rodeado de llamas y con una corona de espinas que lo rodeaba, y le dijo: “Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres y que a cambio no recibe más que ingratitud. Al menos tú ámame”. Y le mostró las prácticas de la reparación y consagración, junto con su deseo de que propagara esta devoción. La Consagración es un acto de entrega de nuestro amor en respuesta al Amor de Dios, es ofrecerle nuestras vidas y dejarlas en Sus manos. La reparación, por su parte, procura aliviar el Corazón de Cristo herido por nuestros pecados. Al mismo tiempo que reparamos su Corazón, Él va sanando nuestras heridas interiores. El Señor reveló a Santa Margarita que esta devoción llevará a mucha gente a la perfección más elevada, es decir, a la santidad, en poco tiempo.
La devoción al Sagrado Corazón se extendió mucho por Francia y por toda Europa con la ayuda de los jesuitas, pero no llegó a España hasta 1733. En esa fecha, el Beato Bernardo de Hoyos, también jesuita, leyó un libro sobre las revelaciones de Francia y quedó tan impactado que se ofreció al Señor como apóstol del Sagrado Corazón de Jesús para extender la devoción en nuestro país. Días más tarde tuvo una revelación privada en la que Jesús le mostró Su Corazón y le hizo la, así llamada, Gran Promesa: “Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes”. En aquel momento España estaba formada no sólo por el territorio de la Península Ibérica, sino también por la mitad del continente americano, costas africanas y las Islas Filipinas. Bernardo junto con otros compañeros, expandieron la devoción por España y en dos años llegó a todo el territorio peninsular.
3. Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús
A principio del siglo XX, hubo un fuerte movimiento corazonista en España, sobre todo tras la primera encíclica dedicada al Sagrado Corazón de Jesús por el Papa León XIII en 1899. Ese año, el Papa consagró todo el género humano al Corazón de Cristo y animó a que se consagraran también las naciones. En 1916, algunos seglares impulsaron la idea de consagrar España al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la península. Contaban con el apoyo de algunos sacerdotes, como el P. Crawley o el santo padre Rubio, y se lanzó una campaña de suscripción popular para recaudar fondos, comenzándose la construcción del monumento en ese mismo año.
Cuando el rey Alfonso XIII tenía cuatro años se puso muy enfermo. Estando al borde de la muerte, su madre, la reina Doña María Cristina, pidió a muchos conventos que rezaran por él. La superiora de uno de esos conventos sugirió a la reina que le pusiera un escapulario al niño, y le propuso que si se curaba lo consagrase al Sagrado Corazón de Jesús. Así ocurrió: el niño se curó y fue consagrado al Sagrado Corazón de Jesús. Ese niño, siendo ya el rey Alfonso XIII, fue el que consagró España al Corazón de Cristo el 30 de mayo de 1919.
4. Monumento antiguo
Estamos frente a las ruinas del monumento antiguo, que estaba donde ahora se encuentra el nuevo. La imagen medía 9 m de altura, algo menos que la actual, de 11,5 m. La componían 45 piezas de piedra de Almorquí. El monumento original es obra del escultor Aniceto Marinas.
En la parte central, vemos lo único que ha quedado de la antigua imagen, la cabeza desfigurada de Jesús, en la que ya no pueden distinguirse la sonrisa ni la mirada porque fue salvajemente vandalizada en la persecución religiosa de los años 30 del siglo pasado. Sin embargo, el corazón de la imagen nos depara una sorpresa que veremos más adelante.
El monumento antiguo contaba con dos grupos escultóricos a ambos lados de la imagen. El propio autor los describe de la siguiente manera: “Ambos grupos tienen actitudes y expresión de los rostros que responden a un mismo sentimiento de vivo amor al Sagrado Corazón”.
El de la derecha representaba la Iglesia militante o peregrina, a la que pertenecemos los cristianos que vivimos aún en la tierra, que buscamos la santidad y hemos de llegar al cielo. El arrepentimiento estaba representado por un hombre postrado implorando misericordia. Detrás de él se representaba el amor, a través de una familia humilde que tenía un niño en los brazos. Las virtudes estaban personificadas en una joven y en una niña de 1ª Comunión. Y la caridad, representada por una religiosa rodeada de cinco niños.
El grupo escultórico de la izquierda representaba la Iglesia triunfante o santificada, es decir, las almas que ya han llegado al cielo. Estaba formado por un grupo de santos relacionados con la espiritualidad del Corazón de Jesús. Ahora mismo solo quedan en pie Santa Margarita María de Alacoque, y San Juan Evangelista. Pero también aparecían San Agustín, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús, Santa Gertrudis y el Beato Bernardo de Hoyos. Todas estas imágenes fueron dinamitadas y en el nuevo monumento se representaron de nuevo.








